Jamaica, el paraíso del Caribe donde sus ciudadanos pierden el acceso a sus propias playas

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El avance de resorts privados en Jamaica reduce el acceso público a las playas y afecta a comunidades costeras, pescadores y derechos históricos local

La expansión de resorts en Jamaica reduce el acceso público a las playas, dejando a comunidades locales fuera de espacios clave para su cultura y sustento.

Playa de la costa norte de Jamaica cerrada al acceso público por un resort privado
El crecimiento de complejos turísticos en Jamaica ha reducido el número de playas de libre acceso para residentes locales.


Ocho Ríos, Jamaica.— Lo que durante generaciones fue un bien común para pescadores, familias y comunidades costeras en Jamaica se ha convertido en un privilegio restringido. La venta de tramos del litoral a promotores privados y cadenas hoteleras ha limitado severamente el acceso de los propios jamaiquinos a sus playas, en un contexto de auge turístico sin precedentes y crecientes tensiones sociales.

 

La transformación silenciosa del litoral jamaiquino

La costa de Jamaica, conocida mundialmente por sus aguas turquesas y arenas blancas, ha experimentado en las últimas décadas una transformación profunda y silenciosa. Espacios que antes servían como puntos de pesca, recreación comunitaria y transmisión cultural han sido progresivamente cercados, vallados o convertidos en playas de acceso restringido.

Un caso emblemático es Mammee Bay, en la costa norte de la isla. Hasta mediados de la década pasada, era un punto habitual para pescadores artesanales y familias de comunidades cercanas como Steer Town. Sin embargo, en 2020 el terreno fue vendido a un promotor privado para el desarrollo de un complejo turístico y residencial de lujo, acompañado por la construcción de muros que impiden el paso a los residentes locales.

Situaciones similares se repiten en distintos puntos del país, donde el acceso tradicional al mar ha sido interrumpido en cuestión de días, alterando prácticas que se remontan a generaciones. Para muchos habitantes, el cambio no solo implica una pérdida recreativa, sino la ruptura de su vínculo cotidiano con el entorno natural.

 

Turismo récord, acceso mínimo para los locales

El cierre progresivo de playas contrasta con el crecimiento sostenido del turismo. En 2024, Jamaica recibió una cifra récord de 4,3 millones de visitantes internacionales, consolidándose como uno de los destinos más demandados del Caribe. No obstante, este auge no se traduce en un acceso equitativo a los beneficios ni a los recursos naturales.

De los más de 1.000 kilómetros de costa que rodean la isla, apenas el 0,6 % permanece como playa pública de libre acceso para los residentes, según datos recopilados por organizaciones locales. En zonas altamente turísticas como Montego Bay u Ocho Ríos, los espacios abiertos al público se cuentan por unidades.

Además, aunque el turismo genera alrededor de US$4.300 millones anuales, solo una parte de esos ingresos permanece en la economía local. El modelo dominante de resorts “todo incluido” concentra el gasto dentro de complejos privados, reduciendo la interacción entre visitantes y comunidades y limitando las oportunidades para pequeños negocios jamaiquinos.

 

El marco legal que facilita la privatización

Gran parte del conflicto tiene raíces en una legislación heredada del período colonial británico. La Ley de Control de Playas de 1956 establece que el Estado es propietario del litoral y que no existe un derecho público automático de acceso a playas o zonas costeras sin autorización.

Esta norma permite al gobierno conceder o vender derechos sobre extensiones del litoral a actores privados, incluidos promotores inmobiliarios y cadenas hoteleras internacionales. Aunque legal, su aplicación ha sido objeto de críticas por no contemplar los usos tradicionales ni el impacto social sobre las comunidades costeras.

Abogados y activistas señalan que esta legislación, vigente desde hace casi siete décadas, no refleja las necesidades actuales del país ni los estándares internacionales de acceso a bienes naturales, y se ha convertido en una herramienta clave para la exclusión de los propios ciudadanos.

 

Comunidades costeras y medios de vida en riesgo

Para los pescadores artesanales, el cierre de playas no es una cuestión simbólica. El acceso al mar es esencial para botar embarcaciones, reparar redes y vender pescado fresco. La pérdida de puntos tradicionales de atraque obliga a recorrer mayores distancias o abandonar la actividad, con efectos directos sobre la economía familiar.

En comunidades como las cercanas a Roaring River o Little Dunn’s River, la venta de terrenos circundantes a empresas privadas ha bloqueado el acceso no solo al mar, sino también a ríos utilizados para el baño, la pesca y actividades turísticas comunitarias como el rafting.

Líderes locales advierten que el aislamiento progresivo de las comunidades respecto a su entorno natural acelera procesos de desintegración social. La ruptura de prácticas compartidas debilita los lazos comunitarios y pone en riesgo la transmisión de conocimientos tradicionales ligados al mar y la costa.

 

El surgimiento de la resistencia legal y social

La respuesta organizada comenzó a tomar forma en 2021 con la creación del Movimiento Ambiental por el Derecho a la Playa de Jamaica (JaBBEM, por sus siglas en inglés). Desde entonces, el colectivo ha impulsado acciones legales, campañas públicas y movilizaciones para visibilizar el problema.

Actualmente existen al menos cinco procesos judiciales en curso relacionados con playas emblemáticas, entre ellas Mammee Bay, Providence Beach y Bob Marley Beach. En estos casos, residentes y organizaciones buscan garantizar el acceso público y cuestionar la legalidad de nuevos desarrollos turísticos.

Los demandantes sostienen que, más allá de la letra de la ley, el Estado tiene la obligación de proteger el interés público y los derechos culturales y económicos de las comunidades afectadas. Los fallos pendientes podrían sentar precedentes relevantes para el futuro del litoral jamaiquino.

 

Inversiones extranjeras y presión inmobiliaria creciente

El conflicto se intensifica en un contexto de expansión inmobiliaria. De cara a 2030, se prevé la construcción de unas 10.000 nuevas habitaciones hoteleras en Jamaica, muchas de ellas ubicadas en primera línea de costa. Grandes proyectos en Montego Bay y otras zonas turísticas prometen impulsar la economía, pero también restringir aún más el acceso al mar.

Cadenas hoteleras internacionales y fondos de inversión han aprovechado el marco legal existente para adquirir grandes extensiones del litoral. Aunque estas inversiones generan empleo y divisas, críticos señalan que el modelo prioriza el beneficio privado sobre el uso colectivo de los recursos naturales.

La tensión entre desarrollo económico y derechos comunitarios se ha convertido así en uno de los principales debates del país, con implicaciones que trascienden el sector turístico.

 

Impacto cultural y simbólico del cierre de playas

Más allá de lo económico, el acceso a las playas tiene un profundo significado cultural en Jamaica. El mar forma parte de la identidad nacional, de la música, la gastronomía y las tradiciones espirituales, incluidas las de comunidades rastafaris históricamente asentadas en zonas costeras.

En lugares como Bob Marley Beach, el cierre o la amenaza de privatización es percibido como una agresión directa a la memoria colectiva. Para los residentes, la playa no es solo un espacio físico, sino un punto de encuentro, resistencia y expresión cultural.

La pérdida de estos espacios genera una sensación de exclusión que contrasta con la imagen internacional de Jamaica como destino abierto y acogedor, y alimenta un creciente malestar social.

 

Escenarios futuros: reforma o profundización del modelo actual

El futuro del acceso a las playas en Jamaica depende en gran medida de decisiones políticas y judiciales aún por resolverse. Una posible derogación o reforma de la Ley de Control de Playas podría abrir la puerta a un reconocimiento explícito del derecho público de acceso al litoral.

Sin embargo, si el modelo actual se mantiene, activistas advierten que la proporción de playas públicas podría seguir reduciéndose, aumentando la dependencia de pagos de entrada o permisos privados para acceder al mar.

En paralelo, algunos sectores del turismo promueven alternativas de desarrollo más inclusivas, basadas en hoteles de propiedad local, integración comunitaria y acceso compartido a los recursos naturales. Su expansión podría ofrecer un equilibrio entre crecimiento económico y justicia social, aunque su alcance aún es limitado.


Por Carlos Medina | Editor Internacional | CRN Mundo | Ocho Ríos

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