Jubilación en Nicaragua: denuncian “castigo transnacional” contra opositores exiliados

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Jubilación en Nicaragua bajo polémica: exiliados denuncian bloqueo de pensiones tras desnacionalización y trabas del INSS estatal.

Opositores exiliados denuncian bloqueo de jubilación en Nicaragua tras retiro de nacionalidad y trabas impuestas por el INSS estatal.

 

Adultos mayores exiliados denuncian bloqueo de pensiones tras perder su nacionalidad.
 La polémica por la jubilación en Nicaragua impacta a opositores que residen fuera del país.

MANAGUA, NICARAGUA.— La jubilación en Nicaragua se ha convertido en un nuevo foco de controversia tras denuncias de opositores exiliados que aseguran haber quedado sin acceso a sus pensiones. Los afectados sostienen que, tras ser despojados de su nacionalidad y declarados “traidores a la patria”, también enfrentan el congelamiento de cuentas y la imposibilidad de cobrar lo cotizado durante décadas. El impacto alcanza a cientos de adultos mayores fuera del país y abre un debate sobre derechos adquiridos y obligaciones del Estado.

Jubilación en Nicaragua bajo presión política

La jubilación en Nicaragua, que por ley corresponde a quienes cumplan la edad y semanas de cotización exigidas, ha sido denunciada como un instrumento de presión contra opositores que abandonaron el país tras la crisis sociopolítica iniciada en 2018.

Entre los casos más visibles figura el de la periodista y feminista Sofía Montenegro, quien salió hacia Costa Rica en febrero de 2023 luego de ser despojada de su nacionalidad junto a otros 93 opositores. Un mes después, al intentar verificar el pago de su pensión, encontró sus cuentas bancarias congeladas y sin fondos.

Según testimonios recogidos por organizaciones de derechos humanos, la suspensión de pagos no responde a una notificación formal pública, sino a la imposibilidad práctica de realizar trámites desde el extranjero y al bloqueo financiero posterior a las sanciones políticas.

El papel del INSS y los requisitos presenciales

El Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) establece que la jubilación en Nicaragua puede solicitarse a partir de los 60 años, siempre que se hayan cotizado al menos 750 semanas.

Sin embargo, el proceso debe iniciarse de manera presencial y requiere documentos oficiales vigentes emitidos en territorio nicaragüense, como cédula de identidad actualizada y certificaciones notariales. Para quienes han sido desnacionalizados o no pueden regresar al país por temor a represalias, estos requisitos resultan, en la práctica, imposibles de cumplir.

Organizaciones civiles denuncian que, aunque la ley contempla poderes notariales, en la práctica funcionarios del sistema previsional exigen la presencia física del solicitante. Además, no existe un mecanismo digital o consular habilitado para tramitar pensiones desde el exterior.

Denuncias de “castigo transnacional”

El Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más sostiene que la exclusión del sistema previsional forma parte de un patrón más amplio que califican como “castigo transnacional”.

De acuerdo con sus estimaciones, cerca de 800.000 nicaragüenses han salido del país desde 2018, y aproximadamente un 20% estaría en edad de jubilación. Además, unas 450 personas han sido despojadas de su nacionalidad en procesos considerados políticos por organismos internacionales.

En septiembre de 2025, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) publicó un informe en el que documenta la extensión del aparato represivo más allá de las fronteras nacionales. Entre los señalamientos figura la denegación arbitraria del derecho a pensión para personas que ya habían adquirido ese beneficio tras años de cotización.

Derechos adquiridos y debate jurídico internacional

Especialistas en derechos humanos subrayan que la jubilación en Nicaragua constituye un derecho adquirido una vez cumplidos los requisitos legales. Desde esta perspectiva, su suspensión por motivos políticos podría interpretarse como una violación de compromisos internacionales en materia de derechos económicos y sociales.

El informe del GHREN describe que la privación de nacionalidad y la eliminación de documentos oficiales generan lo que las víctimas llaman “muerte civil”, al impedir trámites básicos como acceso a servicios bancarios, propiedad y pensiones.

La discusión jurídica gira en torno a si el Estado puede condicionar el acceso a beneficios previsionales al estatus migratorio o político de la persona, especialmente cuando las cotizaciones fueron realizadas durante años bajo el marco legal vigente.

Impacto social en adultos mayores exiliados

El efecto inmediato recae en adultos mayores que dependen exclusivamente de su pensión para subsistir. Muchos de ellos abandonaron el país sin bienes ni ahorros accesibles, tras la confiscación de propiedades o el congelamiento de cuentas.

En países receptores como Costa Rica, Estados Unidos y España, los exiliados enfrentan nuevos desafíos: costos de vida más elevados, dificultades para integrarse al mercado laboral a edad avanzada y ausencia de redes familiares amplias.

La falta de jubilación en Nicaragua, denuncian organizaciones civiles, obliga a estas personas a depender de solidaridad comunitaria o apoyo de familiares, generando precarización y vulnerabilidad.

Qué significa esto para el sistema previsional

Más allá del impacto individual, el debate sobre la jubilación en Nicaragua plantea interrogantes estructurales sobre la sostenibilidad y credibilidad del sistema previsional.

Si se confirma un patrón de exclusión por razones políticas, el efecto podría trascender el caso de opositores y afectar la confianza general en el sistema de seguridad social. Los sistemas previsionales se sustentan en la premisa de que las cotizaciones generan derechos exigibles independientemente de coyunturas políticas.

En escenarios hipotéticos futuros, expertos advierten que podrían presentarse demandas internacionales o pronunciamientos de organismos multilaterales, lo que incrementaría la presión diplomática sobre Managua.

Escenarios posibles y dimensión internacional

A nivel internacional, la situación podría escalar en foros de derechos humanos si se acumulan denuncias documentadas. El precedente de desnacionalizaciones masivas ya ha generado condenas diplomáticas.

Entre los escenarios posibles —aún hipotéticos— se incluyen litigios ante instancias regionales o negociaciones bilaterales para permitir mecanismos remotos de cobro.

Mientras tanto, los afectados continúan sin acceso efectivo a sus pensiones, en un contexto que combina exilio, envejecimiento y restricciones administrativas.

Por Laura Méndez | Editora Senior de Política Internacional | CRN Mundo | Ciudad de Panamá

 

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